viernes, 30 de noviembre de 2012

La Edad de la Inocencia, con Noelia Sánchez.

Aquí traigo el último trabajo de fotografía que realicé con la modelo Noelia Sánchez en Hotel Quinta de los Cedros.
En la sesión hicimos un recorrido, con los estilismos de Mariana Sánchez, desde un carácter aniñado e inocente hasta un estilo mucho más sensual.
Esperamos que os guste.

©Sara Álvarez

©Sara Álvarez

 ©Sara Álvarez

 ©Sara Álvarez

 ©Sara Álvarez

 ©Sara Álvarez

©Sara Álvarez

 ©Sara Álvarez

 ©Sara Álvarez

Fotografía: Sara Álvarez
Estilismo, maquillaje y  peluquería: Mariana Sánchez
Modelo: Noelia Sánchez

Más fotos en mi cuenta de flickr.


Cierto regusto a verano. Summer Postcards.

Como diría Lord Stark en Juego de Tronos, "Winter is coming", bueno en este caso, ya ha llegado de lleno.
Para amenizar un poco el frío os dejo el trabajo que realicé al final del verano con Rosana Casado, de la tienda online Demode Vintage. Una chica encantadora que vive en un eterno verano.
Espero que os traiga un poco de calorcito.

©Sara Álvarez

©Sara Álvarez

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  ©Sara Álvarez

 ©Sara Álvarez

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domingo, 21 de octubre de 2012

Proyecto "Sweet Seventeen"

Sweet Seventeen toma su nombre inspirándose en el título de la película Sweet Sixteen. La idea de la serie trata de reflejar cierto carácter melancólico del final de la adolescencia, en el que cada vez más tememos el momento en el que nos convertirmos en adultos. El proyecto ha sido realizado con el joven actor granadino José Carlos Campos.

©Sara Álvarez

©Sara Álvarez 

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©Sara Álvarez 

©Sara Álvarez

©Sara Álvarez

Más fotos en mi dirección de flickr.

viernes, 19 de octubre de 2012

Ronda

Paredes blancas adornadas de flores, el cielo de un azul intenso propio de las tierras del sur, y, ante todo muy buena compañía. Un resumen fotográfico de mi última visita a Ronda.

©Sara Álvarez

©Sara Álvarez

©Sara Álvarez

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lunes, 6 de agosto de 2012

El peso de una vida

Las huellas que dejó por el camino, los recuerdos que renacen, las pequeñas notas olvidadas en algún cajón. Pequeños detalles que miden el peso de una vida, ya pasada, en las personas que la rodearon.

Tras cinco años de su partida, sigo descubriendo detalles de la persona que fue mi abuela, tan importante para mí.
La primera vez que descubrí la magia del séptimo arte fue yendo con ella de la mano, con pasos torpes y sentada en una butaca no lo suficientemente alta como para que la baranda del gallinero del Cine Calderón de Motril interrumpiera mi visión de la pantalla. Aún con la baranda de por medio, en cuanto la sala oscureció y las imágenes comenzaron a danzar en la pantalla, me dejaron hipnotizada. La historia de la película "Bambi" hizo el resto.
Pasión aún mayor por el cine era la que debía sentir mi abuela, que casi disfrutaba más que sus nietas cuando nos llevaba al cine y, tal y como me contó hace poco mi madre, no concebía un fin de semana, o miércoles (de todos conocido "Día del Espectador") sin las historias que transcurrían en la gran pantalla.
Tanto es así que, en caso de pasar un periodo de apretarse el cinturón, ella misma decía que prefería no comer a privarse de ir al cine.
No me cuesta imaginar las noches en que arrastraría a mi abuelo al cine, después de que este último saliera de una dura jornada de trabajo y, por el cansancio, se quedara dormido en la butaca de al lado (en nuestra familia somos de sueño fácil). Ella, mientras tanto, quedaría hipnotizada por la película de la semana, tal vez viendo una del Oeste, un musical romanticón con rubias oxigenadas y galanes engominados de aspecto impecable o, quién sabe, tal vez viendo a Judy Garland recorrer el camino de baldosas amarillas.

Hoy es esta huella la que ha renacido entre los recuerdos de quienes la conocieron, mañana quizás sea su pasión por la pintura o las ganas de aprender que nunca dejó a un lado, las que me lleven a descubrir más detalles de la persona que fue mi abuela, pero mucho me temo que nunca dejaré de recorrer este camino de baldosas amarillas.

lunes, 19 de marzo de 2012

Y un suspiro se escapó por el camino

Hoy he vuelto a desandar el camino
que tantas veces había realizado.
Paré un momento,
para recordar,
y sentí el tacto del viento,
y recordé aquel día de primavera.
Quise que el viento volviera a traerme
el sonido de sus pasos
y de su voz.
Sólo se escuchó el susurro de las hojas.
Quizás fuera su forma de saludarme.
Con un momento precioso hecho poesía
que pocas personas podrían regalar
...y un suspiro de nostalgia dejé por el camino.