martes, 24 de mayo de 2011

Show must go on


De repente reparas en quien se había mantenido en la sombra
como un actor secundario al que ilumina un foco al final de la obra.
Entonces te das cuenta de que este actor, discreto y sutil,
brilla más que el propio protagonista.
Deseas que la obra no acabe y bebes con ansiedad los diez minutos restantes, disfrutando de cada movimiento grácil de la verdadera estrella.
Demasiado tarde para reparar en él, te dices,
y esperas sólo sea el final de una función,
para volver a ver al artista en otro momento, en otro lugar,
y que el espectáculo continúe...
...porque el espectáculo debe continuar.