domingo, 22 de agosto de 2010

Citas de "Ojalá fuera cierto" y "Volver a verte" de Marc Levy



Hay momentos que tienen cierto sabor a eternidad.

El hombre sólo recrea la eternidad de su existencia en los sentimientos que comparte.

Si la vida fuese como un largo sueño, los sentimientos serían su orilla.
Lo que voy a decirle cuesta de entender y resulta imposible de admitir, pero si tiene la bondad de escuchar mi historia, si tiene la bondad de confiar en mí, entonces quizás acabe creyéndome, y es muy importante, porque usted es, sin saberlo, la única persona del mundo con quien puedo compartir este secreto.

Si el amor vive de esperanza, también perece con ella.

...los sueños más locos se escriben con la tinta del corazón.




Dos libros preciosos, donde el amor hace posible lo imposible (para romántic@s empedernid@s, pero sin llegar a ser libros pastelosos).
Nota: La película homónima tiene poco que ver con los libros, por lo que es recomendable leerlos, ya que descubrirán una nueva historia (no obstante, al contrario de lo que muchos creen, siempre es mejor leerse los libros, ya que siempre un buen libro supera a la película).

sábado, 21 de agosto de 2010

Reflejos


La vida está llena de reflejos: reflejos bellos, reflejos crueles o engañosos cual espejismos.
Momento único cuando vemos los efímeros reflejos sobre el agua, inundando el paisaje de una sobrecogedora belleza, y que nos mueven el alma si a su vez se reflejan en los ojos de la persona sentada a nuestro lado.
El reflejo que nos devuelven los espejos cada dia, con el que nos identificamos, tan parecido y a su vez tan cambiante, que da testimonio de nuestros días y que en ocasiones nos hace sentir ajenos a nosotros mismos, llegando entonces la pregunta más temida:
- ¿Quién soy realmente?

miércoles, 11 de agosto de 2010

Dejaría de ser yo

Dejaría de ser yo si no huyeran unas lágrimas de mis ojos al escuchar una bonita canción.
Dejaría de ser yo si algún día me cansara de leer bonitas historias de amor y sentirme la protagonista, a pesar de lo lejos que quedan estas historias para mí.
Dejaría de ser yo si no me sintiera afligida cada vez que leo o escucho una reflexión sobre la vida tan cierta como hermosa y cruel.
Dejaría de ser yo si no cerrara los ojos sólo para sentir la brisa del mar junto a la orilla y sentirme en paz conmigo misma.
Dejaría de ser yo si no memorizara cada uno de los gestos de las personas a las que más quiero, llegando a diferenciar las manos de estas personas entre un millón.
Dejaría de ser yo si no me viniera un ramalazo de nostalgia de lo que pasó o no llegó a pasar, cada vez que observo a una pareja compartir un momento único de besos y caricias.
Dejaría de ser yo si no sintiera como siento, siendo al mismo tiempo afortunada y desgraciada por ello.

sábado, 7 de agosto de 2010

La banda sonora de mi vida


Y es cierto, que las canciones (y el silencio) acompañan.
Parecen que eligen el momento justo en el que nuestras emociones están a flor de piel para hacerse oír, haciendo nada más que intensificar lo que sentimos, ya sea porque nosotros deseamos escucharla o porque se impone de alguna forma cuando alguien cercano o no a nosotros pulsa un simple botón de una caja que ha sido capaz de albergar la música que unas manos o una voz mágica produjeron algún día.
Porque el amor, el dolor, la nostalgia, son todos sentimientos universales y hay personas que con sus canciones nos hacen partícipes de lo que sintieron al componerla, al mismo tiempo que nosotros tomamos esa canción como algo propio, asociándolas a recuerdos del tipo que sean: felices, graciosos, dolorosos, en soledad o en compañía.
No obstante, en ocasiones no hay nada más mágico que un silencio, nuestro silencio, que aunque puedan cantar los pájaros, rugir el viento o atormentar los ruidos de los coches, sólo somos capaces de escuchar el ruido de nuestra respiración, el latido de los corazones o el roce de los cuerpos.
De esta forma, las canciones y los silencios eligen el momento justo para instalarse, formando la banda sonora de nuestra vida.